Perspectiva de género: una “nueva” forma de vivir en sociedad

 Por Sergio Alberto Nájera Villegas

Sergio Nájera Villegas

Sergio Alberto Nájera Villegas,Licenciado en Derecho, Maestro en Derecho en Ciencia Política , Columnista

El complejo comportamiento de los seres humanos ha sido abordado a lo largo del tiempo de muchas y muy variadas formas por las diferentes ciencias sociales, sin embargo, los nuevos y vertiginosos cambios en las formas de interacción humana han obligado a la inclusión de nuevos enfoques en la forma de organización cultural, económica, familiar, social y política.

En este sentido el derecho juega un papel muy importante ya que es el encargado de cimentar en la sociedad este “nuevo”, al menos en la aplicación, paradigma en donde las mujeres pasan de ser meras espectadoras a participantes activas en el desarrollo económico, político y social de los pueblos, lo que las lleva a disfrutar junto a los hombres, en igualdad de derechos y de oportunidades, de los beneficios del progreso y alcanzar mejores condiciones de vida.

La reconfiguración del sistema jurídico resulta de vital importancia para que las mujeres puedan lograr la consolidación y el respeto de sus derechos humanos y constitucionales, el sistema normativo es un mecanismo mediante el cual se puede involucrar a los hombres y a las mujeres de leyes en la promoción, creación y aplicación de normas desde una conciencia no discriminatoria y en la defensa de los derechos humanos de las mujeres.

De esta manera tenemos que, la perspectiva de género constituye una herramienta de análisis que busca explicar el fenómeno de la desigualdad entre hombres y mujeres, en este sentido, actuar con perspectiva de género implica tener presente la diversidad  en que se presentan las relaciones de género en la sociedad.

Discriminación contra las mujeres: la cara de la desigualdad en México

Para comenzar creo oportuno partir de una pregunta rectora en cuanto al origen de la discriminación se refiere, la pregunta es: ¿cuáles son las condiciones estructurales de la sociedad que fomentan la discriminación hacia las mujeres? Podríamos iniciar diciendo que el concepto de sexo hace referencia a las diferencias biológicas características entre un hombre y una mujer mientras que el género hace alusión a las identidades, funciones y atributos de mujeres y hombres que son construidos socialmente.

Una mala interpretación de estos conceptos ha generado que hagamos una distinción injustificada de roles basadas en el sexo, a las mujeres se les suele asignar un rol meramente reproductivo en tanto que a los hombres suele asignárseles un papel de superioridad respecto de la mujer al vincularlos con la idea de fuerza e inteligencia.

Lo anterior ha traído como resultado la organización de la sociedad a través de un sistema patriarcal, es decir, un tipo de organización en donde se afecta y dificulta la participación de las mujeres (en las mismas condiciones que el hombre) en la vida política, social, económica y cultural del país.

Siguiendo con esta tesitura valdría la pena explorar el desarrollo de este concepto en el ámbito jurídico, aquí cabria la pregunta: ¿qué era lo que establecía la normatividad jurídica acerca de esta situación? Por medio de sus diferentes acepciones, el derecho era un reflejo de los intereses y las necesidades que eran “dignas” de cada género, así tenemos que la libertad que se le confería a los hombres para practicar diversos trabajos, labores, roles sociales, etc., por lo general eran en detrimento de  los derechos de la mujer; podemos encontrar  ejemplos característicos de esta situación en la negativa del derecho al voto de las mujeres y la autorización de sus maridos para que trabajaran fuera de casa.

Recientemente, aunque tal vez de manera un poco lenta, el mundo ha comenzado a reconocer una realidad social diferente a través de la concientización de la distinción errónea que se tenía en cuanto a la asignación de tareas específicas en base al cuerpo de las personas.

La concepción de perspectiva de género deconstruye la falsa dicotomía del hombre/mujer y nos permite visibilizar una estructura  social “diferenciada” en cuanto a los roles, tareas, preferencias y orientación sexual; nos ofrece un panorama con las diferentes oportunidades y derechos derivados de esta nueva concepción y, lo más importante, pugna por la construcción de políticas públicas con impacto diferenciado en los casos que así sea necesario.

Génesis de la desigualdad: los estereotipos del hombre y de la mujer

Para abonar un poco más a la distinción que hace la sociedad de los estereotipos o roles que le corresponden a un hombre y a una mujer vale la pena detenernos un poco en lo siguiente: el sexo viene determinado por la naturaleza, es decir, una persona nace con sexo masculino o femenino; en cambio, el género, la idea de las características del varón y la mujer, se aprenden, pueden ser cambiadas y manipuladas. En otras palabras, al utilizar la palabra género nos estamos refiriendo a la construcción social y cultural que define las diferentes características y comportamientos que cada sociedad asigna como propios y naturales de hombres o de mujeres.

Para ejemplificar lo anterior basta con observar a nuestro alrededor para darnos cuenta de las estigmatizaciones presentes en la sociedad: el vestidito rosa o el traje azul para el bebé que acaba de nacer según sea niña o niño; grandes zonas en los supermercados con juguetes de construcción, deportes o coches para niños y otras fácilmente identificables por los tonos pastel llenas de muñecas-bebé a las que cuidar y mimar, juguetes representando electrodomésticos y muñecas similares a las modelos televisivas que se pretende que las niñas emulen en un futuro próximo.

La diferencia sexual y reproductiva entre hombres y mujeres se ha traducido en una relación de poder que otorga la creencia de que el género/ sexo masculino tiene mayor jerarquía, esto ha configurado un orden social conocido como sistema patriarcal cuya premisa básica descansa en la supuesta superioridad de los varones, con sus correspondientes privilegios, frente a la inferioridad de las mujeres.

Una grave consecuencia de lo anterior es la normalización de este tipo de conductas en los criterios normativos que rigieron en cierto momento dentro del ámbito jurídico en nuestro país, esto queda de manifiesto en el precedente sostenido por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de 1994 a 2005, según el cual la cópula impuesta por el esposo no configuraba el delito de violación.

“La cópula normal violenta impuesta por el cónyuge, cuando subsiste la obligación de cohabitar, no es integradora del delito de violación, sino del de ejercicio indebido de un derecho, previsto en el artículo 226 del Código Penal para el Distrito Federal; pero si tal comportamiento se presentara en una diversa entidad federativa cuya legislación penal no prevea esa figura, únicamente podría sancionarse por el ilícito que se integre derivado de la violencia ejercida para copular.”[1]

Afortunadamente esta situación parece cambiar poco a poco debido a la influencia que el derecho internacional ha ejercido en el ámbito de los derechos humanos, podemos decir que los tratados de derechos humanos son instrumentos vivos “cuya interpretación tiene que acompañar la evolución de los tiempos y las condiciones de vida actuales”. La realidad social actual exige que el accionar del Estado se encuentre libre de estereotipos.

En este sentido Conviene recordar que tanto la “Convención Belém Do Pará”, en su artículo 8, como la CEDAW, en su artículo 5, obligan al Estado mexicano a la modificación de los patrones culturales que sustentan los estereotipos. [2] En este aspecto, un caso emblemático lo constituye la sentencia de “Campo Algodonero” en donde la Corte Interamericana de Derechos Humanos Impone al Estado, en situación de violencia de género, obligaciones de actuar con la debida diligencia en los casos de violencia contra las mujeres para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra las mujeres.

Hacia un nuevo panorama de justicia

La aplicación de la perspectiva de género en el ámbito de quienes imparten justicia es una forma de garantizar el derecho a la igualdad y de hacer que se manifieste como un principio fundamental en la búsqueda de soluciones justas, cristalizar el derecho a la igualdad es un mandato derivado de la Constitución y de los instrumentos internacionales por lo que aplicar la perspectiva de género es un método que debe ser aplicado aun y cuando las partes involucradas en el caso no la hayan contemplado en sus alegaciones.

La finalidad del nuevo enfoque deberá ser detectar los impactos diferenciados que una norma genera para así buscar soluciones a través del derecho, esto permitirá el diseño de políticas que desde diferentes ámbitos contribuyen a generar acciones a favor de la mujer, a cambiar los estereotipos de género y a definir un nuevo concepto de justicia para tratar igual a los/as iguales.

Trabajar con una perspectiva de género significa analizar y comprender los diferentes roles y responsabilidades, relaciones, necesidades y visiones de hombres y mujeres (así como otras diferencias pertinentes, tales como las encontradas entre grupos étnicos, clases y edad). Significa también ir más allá del simple reconocimiento de las diferencias de género, dirigiéndose hacia relaciones más equitativas y solidarias entre hombres y mujeres.

Hablar de perspectiva de género no solo es oportuno al abordar el tema del trato hacia las mujeres también lo debe ser en todos aquellos casos que evidencien la existencia de situaciones asimétricas de poder o bien de contextos de desigualdad estructural basados en el sexo, el género o las preferencias/orientaciones sexuales de las personas.

NOTAS

[1] Jurisprudencia; 9a. Época; 1a. Sala; S.J.F. y su Gaceta; XXIII, febrero de 2006; Pág. 277. Tesis de jurisprudencia 12/94. Aprobada por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en sesión privada del once de mayo de mil novecientos noventa y cuatro, por unanimidad de votos de los señores Ministros: Presidenta Victoria Adato Green, Samuel Alba Leyva, Ignacio M. Cal y Mayor Gutiérrez, Clementina Gil de Lester y Luis Fernández.

[2] Artículo 5. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para: a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres; Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

Artículo 8. Los Estados Partes convienen en adoptar, en forma progresiva, medidas específicas, inclusive programas para: b. Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, incluyendo el diseño de programas de educación formales y no formales apropiados a todo nivel del proceso educativo, para contrarrestar prejuicios y costumbres y todo otro tipo de prácticas que se basen en la premisa de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los géneros o en los papeles estereotipados para el hombre y la mujer que legitimizan (sic) o exacerban la violencia contra la mujer; Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, “Convención Belém Do Pará”.