Por Nothingman

Llegué al fútbol americano rodeado de influencias diversas. Mi padre se sentaba los domingos a ver los partidos tanto de la Conferencia Americana como de la Conferencia Nacional, preparaba fruta picada y monopolizaba la televisión durante toda la mañana y tarde para ver su ritual de la National Football League. Mis hermanos, al igual que él, tenían una atracción por los Dallas Cowboys, era impresionante ver a los Triplets jugar, el running back Emmith Smith, el wide reciver Michel Irving y el grandioso Troy Aikman; los trillizos del salón de la fama podían cautivar a todos con su juego ofensivo y sobre todo dándole al Estado de la estrella solitaria el lugar que se merecían en la historia del americano, donde este deporte es una religión.

No puedo negar esa filiación hacia los Cowboys, aunado a la posición geográfica donde nací, esa raíz norestense que forma una frontera con Texas separada por el río Bravo y el lenguaje, pero cuyo conservadurismo (y no lo digo con orgullo) sigue anclando a la región a un pasado prácticamente imborrable. Con Familia en Matamoros, Tamaulipas, con doble nacionalidad y relatives que se extienden de Brownsville a Oklahoma, la influencia de los Dallas, tendría que resultar algo inevitable para mí; sin embargo, algo no me dejó ser un seguidor de los Vaqueros, quizá una rebeldía por llevar la contra, esa voluntad de no ser como los demás.

El compadre de mi padre, Chava —ex coach de equipo en ligas menores en mi natal Comarca Lagunera— es un férreo seguidor de los Steelers, otra de las franquicias ganadores en la NFL. El equipo de Pittsburgh está lleno de éxitos, de récords, de figuras inmortales y de pasados tenebrosos. Dentro de los Steelers jugó el mítico Terry Bradshaw, primer quarterback en ganar cuatro anillos del Super Bowl, la manera en que los dirigió Chuck Noll fue simplemente fantástica, toda la década de los 70’s le perteneció a los Steelers, para después entrar en la debacle y erigirse, de nueva cuenta, a las grandes hazañas de la mano de Roethlisberger y head coaches de la talla de Bill Cowher y Mike Tomlin. Pero tampoco los Steelers y su Steelers Nation llamaron mi atención, algo tenían que no terminaban por gustarme.

El tercer coqueteo por hacerme de un equipo lo cautivó la biografía de Jerry Rice, el mítico corredor rompe récords apegado a la disciplina, al buen vestir, a la educación y a la moral como bandera de presentación. La mancuerna de Rice y Joe Montana en los 49´ers es de un estudio aparte, no se puede jugar mejor que aquel Super Bowl XXIII y esas 215 yardas casi insuperables. ¡Qué equipo y qué jugadores! Crearon una franquicia de tal magnitud, que me atrevería a decir que jamás hemos vuelto a ver un equipo de tal calidad, de tanta grandeza y de tanto talento. A la fecha para mí el mejor quarterback de la historia sigue siendo Joe Montana, verlo jugar era orgasmeante, la técnica con la que contaba, la capacidad mental, la frialdad para ejecutar jugadas era —y sigue siendo— magistral. Así como la década de los 70’s fue completa y absolutamente de los Steelers, quien tomó la vacante en la década siguiente y parte de los 90’s, fueron los 49’ers, títulos en el 82, en el 85, en el 89, en el 90 y el 95, los convirtieron en una franquicia de marketing exponencial. Nadie olvida a Dwight Clark y al safety Hicks, de aquellos primeros años ochentas. “The catch”https://www.youtube.com/watch?v=14CKs0rY0jE sigue siendo una jugada épica con aquellos famosos 51 segundos en el reloj, superada solamente —a mí parecer— por la victoria de los mismos Niners frente a los Bengals 8 años después.

Mi repertorio para hacerme de un equipo puede resumirse en los tres mencionados. Sin embargo, me parecía que solo estaría yendo with the flow, así que buscaba algo fuera de lo común, algún equipo que me satisficiera cabalmente. Para el año de 1999, a la edad de trece años, comenzó una fascinación absurda y sin fundamento alguno por todo lo relativo a Inglaterra, llevado ahí, ahora que lo pienso, por las películas medievales, las historias de caballeros andantes y la influencia que tiene en todo lector Shakespeare. Es sabido que Hamlet es quizá el mejor libro que haya leído, pero no solo era eso, sino además le empecé el gusto a rock & roll. The Rolling Stones, The Beatles, Cream, Led Zeppelin y Black Sabbath desplazaban, de a poco, mi gusto por el rap/hip-hop. Nació también justo en ese año, mi intención por aprender inglés. Adopté como propia, en pocas palabras, la cultura pop inglesa. Me empecé a interesar por la colonización de la Corona Británica en América, la historia de las Trece Colonias con nuestros vecinos del norte y la Independencia de América de 1776. Así, justo por esa cosquilla adolescente, me acerqué a los New England Patriots.

Mi gustó por el equipo nació pues, antes de que fueran el fenómeno mediático que son ahora, prácticamente eran unos don nadie; sí, con algunos campeonatos de conferencia y de división pero no más, no había aún, una bandera de Super Bowl colgada en su estadio, solo eran ganadores de cosas menores, nada sin importancia, un equipo más en la liga y hasta ahí. Adopté a los Pats más por influencia británica que por conocimiento del equipo. Tenía trece años y mi equipo favorito era un equipo desconocido, sin mayores logros que tener un escudo muy bien diseñado. Ya para esas fechas Kenneth Kraft tenía cuatro años siendo el propietario del equipo. Tuve que esperar tres años para ver por primera vez a mi equipo en un Súper Tazón, era el número XXXVI, y se llegó ahí superando a los Raiders y a lo Steelers. El Super Bowl XXXVI y la historia de la NFL, vio por primera vez a la mancuerna Bill Belichick/Tom Brady, bajo el propietario Kraft. A mis 15 años, ya en la preparatoria, y con conocidos jugando en la ONEFA, empecé a vivir algo que se convertiría en una franquicia ganadora con claroscuros incontables y cuestionables por todas partes.

Después de ese Súper Tazón se vino la avalancha de rachas ganadoras, el campeonato de 2004, derrotando a las Panteras de Carolina, previo a los famosos encuentros con otro quarterback épico como lo fue Peyton Manning, quien lideraba a los Colts en esos días. ¡Qué partidos y qué rivalidad tan disfrutable! El triunfo contra las Águila de Philadelphia perfilaba ya las críticas (que continúan hasta ahora), pero no solo porque los Pats habían conseguido su lugar en el Súper Tazón, sino porque venía derrotando a equipos que antaño eran favoritos, los Steelers, los Raiders, los Buffalo Bills, o los ya mencionados Indianapolis Colts. Para el Super Bowl XXXIX, los Patriotas, un equipo antaño perdedor, comenzaba una dinastía.

Vinieron después diez años de improductividad ocasionada por la aparición de quarterbacks de calidad como el referido Roethlisberger y los hermanos Manning, Payton y Eli, así como Aaron Rodgers , de los Packers o Russel Wilson de los Seahawks, esto fue el preámbulo para uno de los regresos más cuestionados, manchados, turbios y no esclarecidos para un equipo en el Super Bowl, pues, tras una década de ausencia, los Patriotas volvieron a la senda del triunfo de un Súper Tazón derrotando a los Seahawks, en una jugada para la historia y que sigue sin comprenderse por parte de quienes tenemos una debilidad por este deporte; me refiero a la intercepción de Butler en los últimos segundos del encuentro cuando todo parecía perdido para los Patriotas https://www.youtube.com/watch?v=U7rPIg7ZNQ8. Pero esa magistral demostración de fuerza, estará opacada para la historia por el famoso Deflategate. Ese momento turbio, incluso denigrante para la franquicia de los New England Patriots. Como seguidor de los Pats, ese Super Bowl es el que más sin sabores me deja, haberle ganado a los Colts en un partido cuya primera mitad se jugó con balones desinflados es para el olvido.

No obstante, el 2017 fue diferente, ante las críticas y ante un equipo como los Falcons, se tenía que ganar con dignidad, reivindicar el camino, ser limpios, recuperar la honorabilidad, el respeto, dar una buena imagen a la liga, ser el ejemplo de quien lucha contra la adversidad, y todo esto justamente pasó. Una de las remontadas épicas en la historia de la NFL sucedió, venir abajo 21-3, empatar el partido a 28, mandarlo a tiempos extra por primera vez en la historia y terminar ganando 34 a 28, justifica todas y cada una de las críticas. El quinto Vince Lombardi no borra el Deflategate, pero reafirma que los triunfos de los Patriotas se ganan jugando, no mintiendo, no pagando, no negociando con la NFL; se ganan, así de sencillo, se tienen que ganar y así lo hacen.

Ayer, en un partido trabado, de alta técnica defensiva, donde no se regalaba ni una pulgada, de tacles con cuerpos de roble, de ofensivas incapaces de mover las cadenas, los Patriotas, de la mano de Belichick, fueron de a poco taladrando a los Rams, los fueron desgastando, bloqueando, suprimiendo, haciéndolos cada vez menos y, entre Brady y Edelman (apodado en el partido como “Mr. Chains”), fueron arrastrando el balón hasta donde los Patriotas quisieron y realizar el único touchdown de la noche. Gronkowski, lesionado, acabado por la edad y las lesiones, realizó las dos atrapadas más importantes de la noche, y así, ayer, 3 de febrero de 2019, en el Super Bowl LIII, los Patriotas alcanzaron el récord de los Steelers, 6 Super Bowls ganados, pero con estadísticas muy diferentes. Es el mismo récord pero en la época de los agentes libres.

A los detractores no se les ataca, se les entiende, es cierto, ahora salen seguidores de los Pats por todas partes, también es cierto que gracias a ellos muchas mujeres comenzaron a ver el americano, a los aficionados les irrita que eso suceda, que un deporte donde la testosterona es el referente principal, comience a ser avasallado por el sexo femenino; también les desagrada que las nuevas generaciones opten por un equipo que hace 18 años no figuraba en un típico top five, les enfada que los equipos clásicos no figuren en los grandes momentos debido a un Tom Brady que los frena. También es cierto que existen seguidores de conveniencia, aquellos que solo les gustan los Pats porque son ganadores; asimismo hay nuevos seguidores que no pasan de 25 años; a los “clásicos” no les agrada que los millennials vayan generando una masa cada vez más grande de partidarios, pero así, justo así, es como se empiezan las dinastías.

Por estadísticas, se podrá decir que los Patriotas son el mejor equipo de la historia, que tienen al mejor mariscal de campo de todos los tiempos y que su legado será casi insuperable; empero, como su seguidor, no lo considero así, comparar a Brady con Montana, por ejemplo, es igual de burdo y sucio que comparar a Nadal con su majestad Federer. Ya lo dije, Montana es Montana y nadie se le compra en técnica y talento, Edelman no es Rice, no tiene ni una pulgada de grandeza de la que tenía Jerry. Sí, ya no tarda en venir el derrumbe, Brady se tendrá que retirar, Gronkowski también, y si Tom se despide, Edelman no será nadie. El mérito de los patriotas consiste en seguir ganando en la época de los agentes libres; a qué me refiero con esto, a que ya no se forman equipos para jugar por temporadas seguidas, hoy los jugadores no son de nadie ni de una ciudad, se mueven de un equipo a otro buscando mejores lugares para vivir, ganar más dinero y tener mayor comodidad, ya no son como los equipos de los 80´s y 70’s. Esa es la clave, ¿cómo es que unos Patriotas que se desintegran año tras año siguen jugando y ganando igual? Eso no lo han entendido otros equipos, no saben cómo hacerlo, porque simplemente no está Belichick como head coach. El claro ejemplo se dio en el Super Bowl LIII, los Rams eran un equipo con mayor talento, con mejor ofensiva, con mejor defensiva, hombre por hombre superaban a los Patriots en creces, además tenían juventud dentro de la cancha y fuera de ella, pero eso no basta; la experiencia y el trabajo en conjunto, el desempeño de una filosofía de juego se desarrolla como lo dice Bill Belichick, with no day off para los Patriotas, refiriéndose a ellos como una unidad, una institución, una franquicia que tiene tras de sí una ciudad entera encima.

A mí me queda ese gusto culposo de saber que antes del boom mediático de los Patriotas yo los elegí como mi equipo, así como elegí a los Red Sox en el Baseball, de la misma zona geográfica y con la misma filosofía, escogí a los Pats a la edad de trece años, cuando eran unos don nadie, cuando no figuraban en ninguna parte, cuando yo estaba influenciado por la cultura pop inglesa, cuando Brady no existía ni Belichick pensaba ganar lo que ha conseguido. Ahora me toca aguantar todas las críticas, pero estaré ahí cuando la debacle llegue, porque tendrá que llegar. Como le dice Alec Baldwin (interpretando al Doctor Julian Bailes) a Will Smith (interpretando al Doctor Bennet Omalu) en la película Concussion: “You know, it is a mindless , violent game, and then it’s Shakespeare. I mean, to me it’s like life that way…”

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